Emprender en sociedad: construir un negocio también es aprender a construir juntas

Hay una parte de emprender de la que se habla poco.

Se habla de las ideas, de los clientes, de crecer, de facturar, de armar equipos y de alcanzar objetivos. Pero mucho menos de lo que pasa puertas adentro cuando el proyecto todavía no existe, cuando todo es incierto y, además de construir un negocio, tenés que aprender a construir una sociedad.

AVLA empezó así.

No empezó con una oficina, un equipo, una estructura definida ni un plan perfecto.

Empezó con dos emprendedoras independientes.

Antes de AVLA, cada una tenía su propio camino

Cuando Ana y yo nos conocimos (viajando que es algo que nos gusta mucho hacer a las dos), cada una ya estaba emprendiendo por su cuenta.

Cada una tenía sus propios proyectos, clientes, experiencias, formas de trabajar y maneras de entender los negocios.

No nos conocíamos demasiado.

Y, sin embargo, empezamos a conversar.

En esas conversaciones apareció algo que nos resultaba difícil explicar al principio: las dos sentíamos que había algo que nos faltaba.

No necesariamente nos faltaba una idea.

Nos faltaba complementariedad.

Había cosas que cada una hacía muy bien, otras que disfrutábamos más y otras que no tanto. Y empezamos a darnos cuenta de que, trabajando juntas, podíamos construir algo que individualmente probablemente no hubiéramos construido de la misma manera.

Así apareció la primera idea de AVLA.

Y ahí empezó realmente el desafío.

Porque tener una idea juntas es fácil.

Construirla juntas es otra historia.

Empezar a trabajar juntas sin conocernos demasiado

Al principio tuvimos que aprender sobre la marcha.

No teníamos definido cómo íbamos a trabajar, quién iba a tomar determinadas decisiones, qué lugar ocupaba cada una ni cómo íbamos a resolver las diferencias.

Simplemente empezamos.

Y empezamos con intensidad.

En un momento del proceso terminamos conviviendo durante dos meses.

Dos meses.

Trabajando prácticamente 24/7, pensando en AVLA, hablando de AVLA, cambiando cosas, volviendo atrás, discutiendo ideas, armando propuestas, redefiniendo servicios, pensando clientes y tratando de darle forma a algo que todavía estaba lejos de estar claro.

Fue una experiencia muy intensa.

Y también fue una forma bastante acelerada de conocernos.

Porque trabajar con alguien durante algunas horas por día te permite conocer una parte de esa persona.

Trabajar y convivir durante dos meses mientras intentás construir un negocio juntas te muestra prácticamente todo.

Las virtudes, las diferencias, las formas de reaccionar bajo presión, la manera de tomar decisiones, lo que cada una necesita para trabajar bien, lo que la otra no tolera, los silencios, las discusiones y también las ideas que aparecen cuando una de las dos ya no tiene más energía.

Hubo choques.

Hubo desacuerdos.

Hubo momentos en los que pensamos distinto y tuvimos que sentarnos a hablarlos.

Y probablemente esa haya sido una de las partes más importantes de construir AVLA.

No siempre estar de acuerdo también es parte de emprender en sociedad

Emprender en sociedad no significa pensar igual.

De hecho, creemos que si dos personas están construyendo algo juntas, probablemente sea más útil que no piensen exactamente igual.

El problema no son las diferencias.

El problema aparece cuando no se hablan.

Con el tiempo aprendimos que algunas conversaciones eran incómodas, pero necesarias.

Hablar cuando algo no funcionaba.

Decir cuando no estábamos de acuerdo.

Discutir una decisión sin convertirla en algo personal.

Explicar por qué una veía algo de determinada manera.

Escuchar a la otra aunque la primera reacción fuera pensar distinto.

Y, sobre todo, aprender a separar el proyecto de nosotras.

No toda discusión es una pelea.

No todo desacuerdo significa que algo está mal.

A veces significa simplemente que dos personas están mirando el mismo problema desde lugares diferentes.

Y cuando se logra conversar sobre eso, la diferencia puede convertirse en una herramienta.

AVLA también se construyó en esas conversaciones

Mucho de lo que hoy es AVLA nació de esas discusiones.

De preguntarnos qué queríamos hacer y, quizás más importante todavía, qué no queríamos hacer.

De entender que no queríamos ser una agencia más.

Que no queríamos dedicarnos simplemente a ejecutar publicaciones, campañas o tareas aisladas.

Que queríamos involucrarnos en el negocio.

Entender cómo funciona, detectar dónde están los problemas, encontrar oportunidades, ordenar, tomar decisiones y acompañar a las empresas en su crecimiento.

Ahí empezó a aparecer con más claridad nuestra forma de trabajar.

AVLA no nació completamente definida.

Se fue definiendo mientras nosotras también aprendíamos a trabajar juntas.

Y probablemente eso sea algo bastante común cuando emprendés: muchas veces no descubrís exactamente qué querés construir antes de empezar. Lo vas descubriendo mientras avanzás.

Emprender puede ser bastante solitario

Hay otra parte de emprender que también conocemos bien: la sensación de estar sosteniendo demasiadas cosas al mismo tiempo.

Tomar decisiones.

Resolver problemas.

Buscar clientes.

Pensar en los próximos pasos.

Cuestionarte si estás haciendo lo correcto.

Tener un día en el que todo parece avanzar y otro en el que sentís que no avanzaste nada.

Y ahí aparece una de las cosas que más valoramos de emprender en sociedad.

Tener a alguien con quien hablar.

Alguien que entiende lo que estás atravesando porque también lo está atravesando.

Alguien a quien podés decirle “no sé qué hacer con esto” sin tener que explicar desde cero todo el contexto.

Alguien que puede ver una oportunidad que vos no estás viendo porque estás demasiado metida en el problema.

Y también alguien que te puede decir “esto no tiene sentido” cuando necesitás escucharlo.

No siempre necesitamos que alguien nos diga que todo va a salir bien.

A veces necesitamos que alguien nos ayude a pensar.

También aprendimos a empujarnos

Hay días en los que una tiene más energía que la otra.

Días en los que una ve posibilidades y la otra ve problemas.

Días en los que una quiere acelerar y la otra necesita frenar.

Y eso también puede ser parte de la sociedad.

No se trata de estar siempre sincronizadas.

Se trata de poder complementarse.

De que cuando una afloja, la otra pueda empujar un poco.

Y cuando una se está pasando de rosca, la otra pueda poner un freno.

De compartir responsabilidades, pero también incertidumbres.

De celebrar juntas cuando algo sale bien y de atravesar juntas cuando algo no sale como esperábamos.

Eso, para nosotras, es una de las cosas más lindas de emprender en sociedad.

Hoy seguimos aprendiendo

AVLA está lejos de ser un proyecto terminado.

Seguimos probando, cambiando, aprendiendo y tomando decisiones.

Seguimos teniendo diferencias.

Seguimos teniendo conversaciones incómodas.

Seguimos descubriendo nuevas formas de trabajar juntas.

Pero hoy nos conocemos mucho más que cuando todo esto empezó.

Y entendemos que construir una empresa no es solamente construir un servicio, una marca o una estructura.

También es construir una forma de trabajar juntas.

Una forma de tomar decisiones.

Una forma de atravesar los momentos difíciles.

Una forma de decirse las cosas.

Y una forma de seguir eligiendo el proyecto incluso cuando el camino no es tan claro.

Emprender en sociedad no es más fácil por tener a alguien al lado.

Pero sí puede ser distinto.

Porque hay alguien con quien pensar, discutir, celebrar, cuestionar y volver a empezar.

Y quizás eso sea lo que más valoramos de haber creado AVLA juntas.

Que mientras construíamos una empresa, también aprendimos a construir una sociedad.

Y todavía seguimos aprendiendo.


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